Desalojo de 105 familias en Córdoba, Argentina


 FOTO: AGENCIA DE NOTICIAS RED ACCIÓN
Esta acción de recuperación de la tierra en manos del Pueblo ha sido una solución real y concreta para todas las familias que se la juegan todos los días aquí, más allá de que tenemos bien claro de que esta es una lucha que aún se encuentra abierta.

La justicia ordenó para este 23 de abril el desalojo de 105 familias que viven desde hace 7 meses entre los barrios Villa El Libertador y Ampliación Cabildo, en la zona sur de nuestra ciudad. 


Desde la Coordinadora de Trabajadores Desocupados (CTD) "Aníbal Verón", se anunció que: “En estos casi 8 meses de vida en estas tierras, soportamos el viento, las tormentas de tierra, el intenso calor del verano y los fríos otoñales. Aguantamos durante meses las provocaciones de la policía y la Guardia de Infantería. Aguantamos porque no nos queda otra opción: o vivimos acá, en nuestras casitas, o seguimos viviendo amontonados…”


En una entrevista que concedió esta organización a Indymedia Córdoba, se describió el nivel de desarrollo de la construcción del barrio. “La mayoría vive en casas de madera, pero ya hay algunas construcciones de material (bloques y ladrillos). Cada familia decide, en la medida de sus posibilidades, si construye de madera o de material. En un primer momento y en el apuro por venirse a vivir, muchos decidieron construir con madera porque es más rápido, ya que era urgente y necesario por el hecho de vivir en la tierra (como herramienta para la defensa de la misma), además de la necesidad concreta y desesperante de la mayoría de las familias que ya no podían sostener un alquiler o seguir viviendo hacinados”.

La situación de hacinamiento de cientos de miles de personas que habitan esas populosas zonas empobrecidas de nuestra ciudad es de extrema gravedad. Al respecto, Paula de la CTD "Aníbal Verón" expresó: “La necesidad de viviendas sigue siendo crítica en el sentido de que no hay políticas de Estado que se preocupen por la problemática y que la resuelvan. Si vemos no sólo nuestra realidad en particular sino la de todas las familias más humildes de nuestra ciudad, llegamos a la conclusión de que la situación es verdaderamente crítica y desesperante. No es casual que llegado el invierno empiecen a producirse muertes por incendios de casitas humildes, de madera o chapa, que sólo pueden iluminarse con una vela o calentarse con un fueguito”. 


Respecto a la falta de una política habitacional por parte del estado cordobés, la misma persona expresó: “deja mucho que desear en: términos de viviendas populares, construcción de barrios y resolución de los graves problemas de vivienda que padecen los vecinos. En nuestro caso, podemos decir que el hecho de que las familias hayan tomado la decisión de cargar con sus cosas y sus hijos y venirse a vivir a la tierra, construyendo humildemente una casita de madera al principio y de a poco de material, da cuenta de lo terrible de la situación que se vivía antes”. 


En este largo proceso de recuperación de tierras en manos del pueblo y para el pueblo, el poder judicial actuó de forma rápida y decidida, abriendo causas penales por "incitación pública a cometer delito" y "usurpación" las cuales están en instrucción de la Fiscalía Distrito II, Turno 5 a cargo del Fiscal Marcelo Sicardi. Por la misma hay 18 procesados desde el año pasado. 


Consultados sobre la existencia de comunicación con el gobierno desde la CTD "Aníbal Verón" se subrayó: “Con el gobierno no hemos tenido más diálogos, sólo al principio cuando nos decían que no podían resolver este conflicto. Pero en los últimos tiempos, no hemos tenido más contactos”.

sencer i viu.



El Cabanyal es una part de la nostra ciutat i de la nostra història que no podem abandonar en mans especuladores. És el moment de fer visible el suport social de tota la ciutat a la lluita per un barri del Cabanyal que estimem, que volem sencer i viu.

Si vols manifestar la teua solidaritat amb el barri del Cabanyal i donar suport a qui defensa la seua conservació, rehabilitació i recuperació pots conseguir una pancarta com la que veus en la imatge i posar-te-la en un lloc que siga ben visible.

Ca Revolta – C/ Santa Teresa, 10 – Ciutat Vella- València.
La Tabernaire – C/ Denia, 18 – Russafa- València.

El 60% de haitianos necesita una vivienda

Del 1’300 mil personas que se quedaron sin casa tras el terremoto, más de la mitad requiere todavía un lugar para vivir.
FOTO: FRANCISCO IPANAQUÉ/ El Telégrafo

En Puerto Príncipe ya se puede circular, aunque con dificultad. El plan “Dinero por trabajo” del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que ha contratado a 70.610 haitianos para que remuevan los escombros tras el terremoto de 7,3 grados que azotó el país, ha ayudado a que las calles queden despejadas.
Este proyecto, que en total requiere una inversión de 80’2 millones de dólares, fluye, a la vez que las personas reciben un sueldo de cinco dólares diarios por seis horas laboradas. El 40% de los trabajadores es integrado por mujeres.
Sin embargo, existe ahora una prioridad para el país, que se ha convertido en un desafío, y es brindarles un techo a los haitianos.
Especialistas que coordinan la ayuda humanitaria a la nación caribeña confirman a El Telégrafo que la falta de vivienda es un grave problema. El 60% de 1’300.000 personas que se quedó sin casas tras el sismo del 12 de enero, no tienen todavía un lugar para refugiarse, según las Naciones Unidas. Las agencias humanitarias están por ello a la expectativa de los resultados de la reunión de donantes que se realizará en Nueva York, el próximo 31 de marzo.
Pablo Ruiz, especialista en prevención y recuperación de crisis para América Latina y Caribe de las Naciones Unidas, explica desde Panamá que para reconstruir Haití se necesitarán aproximadamente 11.500 millones de dólares, cifra que se prevé sea presentada en el encuentro de donantes en Estados Unidos. “Es el coste de una reconstrucción de una magnitud impresionante. El desastre de Haití es sin precedentes”, añade.
El representante de la ONU señala que en cuestiones humanitarias se han dado algunos progresos importantes, como en la distribución de agua o alimentos, pero aún hay un “trabajo enorme por hacer”.
En estos momentos, el desafío más importante para el organismo es la entrega de tiendas para los damnificados. El objetivo para cubrir esta emergencia -recalca- es que a finales de abril, mes que marca la llegada de las lluvias, “el ciento por ciento” de las personas tengan un lugar donde albergarse.
Sin embargo, Ruiz explica hasta dónde podrá llegar la ayuda. La meta es poder conseguir que 120 mil familias -que son aproximadamente más de 400.000 personas- puedan acceder a alguna vivienda temporal mejorada, es decir que tenga estructura reforzada.
“No hay capacidad en estos momentos de llegar más allá del objetivo”, precisa. El resto estaría viviendo en casas de acogida, familiares o en tiendas de campaña.
Desde Puerto Príncipe, Jean-Pierre Taschereau, coordinador de respuesta y de los proyectos de albergue de la Cruz Roja Internacional, recalca que la situación actual de Haití es difícil, no solo por la llegada de lluvias sino por la temporada de huracanes (junio a noviembre) que se avecina.
Taschereau coincide con Ruiz en que la primera fase, que consiste en que los damnificados reciban agua y comida, asistencia médica y una infraestructura para los hospitales, está encaminada.
Según las últimas cifras de la Cruz Roja, profesionales del organismo han atendido en cuidados de salud básica a más de 20.000 personas, mientras que más de 14.000 han sido vacunadas. Además, más de 320.000 personas han recibido agua potable.
El representante de la Cruz Roja resalta que Haití se encuentra en una carrera contra el tiempo. La prioridad es la distribución de albergues más resistentes a las lluvias y al viento, entonces se debe distribuir material, como toldos de plásticos y kits para mejorar los albergues temporales y carpas. Pero esto es solo una parte.
También cuando se montan muchos albergues -detalla el especialista de la Cruz Roja- éstos deben ser acompañados por un buen sistema de tratamientos de aguas usadas y saneamiento, porque caso contrario los campos se llenan de aguas grises y se podría generar un problema de salud pública.
Sin embargo, según un comunicado de Intermón Oxfam (Oxford Commitee for Famine Relief ) organización internacional de promoción del desarrollo y lucha contra la hambruna, la reconstrucción de Haití no debe limitarse a las infraestructuras y las construcciones. La Organización No Gubernamental (ONG) resaltó que la reconstrucción del empobrecido país caribeño debe contribuir a erradicar las desigualdades sociales que ya existían antes del terremoto, que dejó 222.570 fallecidos.
De acuerdo con datos suministrados por la ONG, el 80% de la población total haitiana (10’033.000 habitantes) vive con menos de dos dólares al día, mientras que cerca del 60% de la población está desnutrida y uno de cada cuatro menores presenta problemas en su desarrollo debido a este hecho. (DAE)


El Telegrafo 24/03/2010

Mancha humana

  

Me da la impresión de que el verdadero plan para el barrio de El Cabanyal en Valencia no era proceder a su derribo con bulldozer. Y menos aún con cachiporrazos policiales sobre las frentes marchitas de los opositores y nostálgicos de una arquitectura de rastro humano. Más bien se trataba de dejarlo degradarse, labor callada a la que se han entregado las autoridades durante largos años, y finalmente verlo caer por sí solo. Borrarlo sin ruido del mapa. Pero a veces las viejas construcciones se resisten a morir, y seguramente los espíritus de El Cabanyal sólo podían combatirse a feo golpe de pala excavadora.
Pero las cargas policiales no formaban parte del plan, y su perversa fotogenia ha manchado la plácida alcaldía eterna de Rita Barberá. Es la mancha humana, que tanto temen los aficionados al plan higiénico. Pasa con los uniformes policiales, se abandona el gris hormigón, el marrón madero o el azul y blanco de las lecheras en cuanto el tiempo les otorga carácter. Ahora se ha optado por un azul oscuro con grafías de película americana, un poco a lo Minority report. Y los antidisturbios llevan casco y atuendo que los robotiza. El uniforme siempre trata de alejarte del hombre vulgar, de deshumanizarte. De esa manera, con sólo ponértelo, puedes distanciarte del tipo de enfrente, al que tienes que ayudar, detener o aporrear. Los policías, como hacemos todos nosotros con el rincón de la oficina, tienden a personalizar su atuendo y uno se levanta el cuello, otro se pone una pegatina en la culata de la pistola con la bandera preconstitucional y otro se cuelga algún motivo nostálgico del franquismo. Son manchas humanas.
Tal y como apuntan los procesos judiciales últimamente, la gente que ha sido aporreada con contundencia por la policía ya puede prepararse. Es muy posible que se descalifiquen como pruebas las grabaciones de las televisiones que muestran la carga y que se les acuse de agredir con sus nucas, sus costillas y sus antebrazos a las pobres porras policiales, que sólo cumplían con su función robótica, ordenada desde el despacho municipal impoluto y ordenado donde se despliega el plan urbanístico que sueña con borrar de la geografía de la nueva ciudad cualquier vieja y resistente mancha humana.

DAVID TRUEBA
EL PAÍS -  13-04-2010

El Cabanyal, naufragio de cemento


En la franja del litoral entre el Grao de Valencia y la Malvarrosa tienen asiento varios poblados marineros divididos desde el siglo XIX por las acequias del Turia, que vertían las aguas en el mar. La acequia del Riuet marcaba la frontera del Grao con el Canyamelar; la acequia de En Gasch separaba el Canyamelar del Cabanyal; la acequia de Los Ángeles o de Pixavaques limitaba el Cabanyal de la Malvarrosa, que entonces se llamaba Cap de França, la cual a su vez tenía en la acequia de La Cadena la última marca de las playas de la ciudad de Valencia. De estos poblados, el del Cabanyal era el que poseía el alma más fuerte, más marinera, puesto que constituía el centro de todo el ajetreo de la pesca. En su playa varaban en aquel tiempo, junto a Flor de Mayo, la barca que dio nombre a la primera novela de Blasco Ibáñez, otras cincuenta embarcaciones de cubierta, de entre 15 y 25 toneladas, que faenaban día y noche en aguas del golfo. La idílica escena de los bueyes rubios tirando de ellas en medio de las olas para arrastrarla hacia la arena o botarlas en el agua ha servido de motivo para muchos cuadros de Sorolla y de José Navarro, si bien por debajo de esa luz cegadora y aparente felicidad preternatural alentaban las pasiones y la miseria de los hombres de mar y de aquellas mujeres que esperaban en la orilla con un cesto en la cadera la llegada del pescado.
La novela "Flor de Mayo", publicada por Blasco Ibáñez en 1895, es un drama borrascoso que narra la vida maldita de aquellos pescadores, pero ese relato de celos, venganzas y naufragios, leído hoy, no es nada si se compara con la nueva borrasca de cemento, ladrillo y especulación que están ahora soportando los habitantes del Cabanyal y que les llega directamente por decreto desde el Ayuntamiento de Valencia mediante una avenida abierta con la piqueta, que paradójicamente lleva el nombre del autor de la famosa novela y que pretende partir en dos el alma marinera del barrio y su recuerdo histórico imborrable.
A finales del siglo XIX, este poblado marinero estaba unido a las colonias veraniegas que los burgueses de Valencia habían establecido en la playa, y en ellas los personajes de Arroz y tartana, menestrales felices del entorno del mercado central y los de Flor de Mayo, pescadores llenos de pasiones elementales, convivían durante unos meses al año en un conglomerado donde se mezclaban casas de estilo colonial y modernista con miserables barracones. Aquel entramado de pescadores, marineros y burgueses de la capital proporcionó mucha materia a Escalante para sus sainetes valencianos y a Blasco Ibáñez para su drama naturalista, al estilo de su maestro Zola.
Hay que imaginar cómo sería la vida del Cabanyal en aquel tiempo. Al atardecer, antes de que se encendieran los faroles de gas, sonaban las fichas de dominó en los cafés; tal vez había una representación en el teatro de la Marina o se oía la pianola de un baile que se celebraba en alguna villa mesocrática con fachada de azulejos y mirador historiado; los veraneantes hacían tertulias en las puertas de casa tomando el fresco y por la calle de la Reina, la principal de la barriada, se paseaba con chaqueta de pijama a rayas Blasco Ibáñez, que entonces aún vivía en la alquería de San Juan, antes de construirse la mansión en la Malvarrosa, con cariátides en la terraza. El escritor conocía a fondo aquel mundo, pero además de extraer de él personajes de ficción, también era un agitador político y se movía por el casino republicano del Cabanyal levantando pasiones populistas contra la monarquía, el clero y el militarismo.
Casas de pescadores, balnearios de Las Arenas, termas Victoria, donde se establecieron después los salones de baile Casablanca; los establos de la casa de los bueyes de tiro de las barcas; barriadas de veraneantes burgueses, con casas art déco; el sanatorio de San Juan de Dios, que recogía a los niños lisiados pintados por Sorolla; merenderos de la explanada de Neptuno, y casetas de baños se alternaban en la playa desde el Grao hasta la Malvarrosa, que debía el nombre a la fábrica de esencias para perfumistas extraídas de las malvas rosáceas, propiedad del francés Robillard.
Estamos en lo de siempre, si el Ayuntamiento de Valencia, en lugar de ser una empresa constructora al servicio de la codicia de los tiburones, hubiera sido una empresa realmente ciudadana estos poblados marineros habrían sido cuidados, respetados, restaurados y asumidos desde el principio como un verdadero tesoro urbano; si la ciudad se hubiera extendido de forma orgánica, como lo ha hecho, por ejemplo, Londres, habría asimilado los pueblos huertanos de alrededor respetando su alma, sin destruirlos ni aniquilarlos con autovías, avenidas impersonales y edificios vulgares como pretende hacerlo ahora con el Cabanyal. Pero este barrio tiene una personalidad muy fuerte, un alma muy definida, hecha a una lucha antigua contra los embates y las zozobras del mar. Aunque parezca una batalla perdida, sus vecinos están dispuestos también ahora a batirse hasta el final contra la otra amenaza de naufragio, que le viene esta vez desde el centro de la ciudad.
No se trata de literatura ni de nostalgias. El aura más intensa de una ciudad, que envuelve sus calles, plazoletas, tiendas, cafés, teatros y pequeños jardines, la crean los artistas y los literatos que por allí han pasado, no los políticos y menos aún las inmobiliarias. En este sentido, el Cabanyal ha dado lo mejor a Valencia. Allí alienta el espíritu de Blasco Ibáñez, de Sorolla, de Benlliure, de José Navarro, de Mongrell, de Agustí Centelles, de Cecilio Pla. Su memoria es la que va a ser destruida para siempre cuando esta avenida llegue al mar. La historia se habrá acabado y una vez más se habrá repetido la vieja maldición, aplicable al resto de España. Éste es un pueblo conservador y retrógrado en ideas políticas y religiosas, pero absolutamente pródigo a la hora de destruir el patrimonio que merece ser conservado. Se sigue rezando novenas a san Cucufate y se tiran a la basura los azulejos de una cocina del siglo XVII para sustituirlos por un zócalo de plástico; un cura tridentino entrega a un chamarilero una talla románica a cambio de que le arregle una gotera en la abadía; un ayuntamiento de derechas destroza pueblos llenos de casas solariegas, casinos de labradores y jardincillos con templetes de música, que son símbolos de su ideología, para convertirlos en ciudades dormitorios de ladrillo visto; se cambian a pelo artesonados con vigas de madera noble del siglo XV por cubiertas imitando a mármol.
El Cabanyal ha sido declarado conjunto histórico protegido, patrimonio de interés cultural. Para destruirlo, el Ayuntamiento ha tramado un plan muy estudiado. Primero lo dejó abandonado a su aire; luego propició que lo ocuparan tribus marginales; compró viviendas a medida que las hacía inhabitables; las llenó de ratas y, finalmente, ha tentado con el señuelo de la revalorización a sus habitantes más débiles o desmoralizados mientras las palas y las hormigoneras avanzaban hacia el mar como si las guiara una fuerza lógica, moderna e imparable, cuando sólo se trata de codicia unida al mal gusto que es la gracia urbanística, herencia del franquismo. Un hotel de lujo hortera devoró el espíritu del balneario de Las Arenas; los chalés en ruinas de la calle de Eugenia Vives pronto serán sustituidos por una fachada impersonal de muchas alturas y así sucesivamente va a caer bajo la piqueta un barrio que pudo haber sido un modelo de amor a la historia por parte de ediles cultos y conscientes de que la ciudad es una empresa de los ciudadanos y no de los especuladores. La plataforma creada para salvar el Cabanyal tiene todavía años de lucha legal por delante. Se trata de que esta vez no vuelva a naufragar la barca Flor de Mayo.

MANUEL VICENT
EL PAIS SEMANAL - 31-01-2010

"El Forat"

Documental de Chema Falconetti que cuenta la experiencia del barrio La Rivera, de Barcelona, y los modos de resistencia de su vecindario a la expeculación inmobiliaria.


Isla de las flores

“…Libertad es una palabra que el sueño humano alimenta, que no hay nadie que la explique y nadie que no la entienda.”


ILHA DAS FLORES 35 mm, 12 min, cor, 1989. de. Jorge Furtado.1989. Brasil.

¿Qué es SOSTRE?

SOSTRE es un colectivo de arquitectos con ciertas inquietudes comunes respecto a la vertiente social de la arquitectura, que se encuentra actualmente bastante olvidada, tanto en la formación del arquitecto como en la práctica de la profesión. Algunos de nosotros nos dedicamos voluntaria o profesionalmente a algunos de los campos en los que se centra la actividad de SOSTRE, y creemos que el proyecto debía materializarse como Agrupación del COACV para apoyar una mayor profesionalización de estos trabajos.

En SOSTRE estamos convencidos que podemos contribuir al desarrollo humano desde la mejora del hábitat, consiguiendo un espacio idóneo que favorezca y potencie los procesos sociales. Nos gustaría dedicar nuestros esfuerzos y conocimientos a investigar, divulgar y trabajar por un hábitat que dé respuesta a las necesidades básicas de cobijo que tenemos todas las personas.